Lo que comenzó como la venta “exclusiva” de relojes de lujo terminó convirtiéndose en uno de los escándalos virales más comentados en redes sociales en la capital coahuilense. Una joven, bautizada por los internautas como “Lady Relojes”, es señalada de presuntamente estafar a por lo menos 18 personas al venderles relojes supuestamente de alta gama que, al final, resultaron ser imitaciones.
De acuerdo con versiones que circulan entre los afectados y en redes sociales, el esquema habría dejado a la señalada ganancias cercanas a los 5 millones de pesos, una cifra nada despreciable para un negocio donde, aparentemente, el tiempo… y la autenticidad de los relojes, corrían en direcciones distintas.
Lo que dice la ley
Si el caso llega a formalizarse ante las autoridades, el delito podría encuadrarse como fraude de cuantía mayor, conforme al Artículo 291 del Código Penal del Estado de Coahuila, ya que el monto señalado supera ampliamente el límite de 10 mil veces el valor diario de la UMA.
En ese escenario, de acreditarse la responsabilidad, la sanción podría ir de 3 a 9 años de prisión, además de multas que van de 800 a 1,200 días y la obligación de reparar el daño económico a las víctimas.
El detalle que complica el caso
Sin embargo, el escándalo tiene un giro que parece sacado de una comedia negra local: muchos de los presuntos afectados no quieren denunciar.
La razón, según versiones que circulan, es simple: prefieren mantener su identidad en el anonimato antes que aparecer públicamente explicando cómo pagaron sumas considerables por relojes que terminaron siendo más falsos que una promesa de campaña.
En otras palabras, algunos de los compradores parecen debatirse entre recuperar su dinero… o evitar que se sepa que creyeron haber comprado un reloj de lujo a precio “de oportunidad”.
Un fraude viral
Mientras tanto, el caso sigue creciendo en redes sociales, donde el apodo de “Lady Relojes” ya se volvió tendencia local y ha generado todo tipo de comentarios, memes y teorías.
Lo cierto es que, más allá del humor digital, el caso pone sobre la mesa un problema recurrente: los fraudes que prosperan cuando las víctimas prefieren el silencio.
Porque al final, en esta historia, el tiempo sigue corriendo… y por ahora, nadie parece tener prisa por ir a denunciar que su “Rolex” venía con maquinaria de mercado sobre ruedas.



