La ilusión de siempre, que suele chocar con la realidad, esta vez mutó en ella: la Selección Mexicana venció 2-0 a Ecuador. El Tri de la perfección, el de las 4 victorias, el de los 8 goles a favor y 0 en contra, ya espera rival en Octavos de Final, muy probablemente Inglaterra.

México, con tantos fracasos a cuestas en las Copas del Mundo, le está dando la vuelta a su historia y disputará el ansiado quinto partido en casa, por más que el gran objetivo en este 2026 sea, al menos, llegar al sexto.

El sueño está vivo porque el equipo de Javier Aguirre dio su mejor exhibición del torneo. Aquel conjunto efectivo, mas no espectacular, se transformó en uno agresivo y de propuesta ofensiva, en un primer tiempo en el que tejió paredes y triangulaciones que emocionaron a la tribuna.

El sueño está vivo porque Roberto Alvarado vio el pique por izquierda de Julián Quiñones, y este se tuvo fe para amagar a Willian Pacho y meter un trallazo de derecha que entró pegado al poste, al 22′.

El sueño está vivo porque el propio Julián se combinó con Raúl Jiménez, quien usó la parte externa de su botín derecho para alejar la pelota del portero y clavarla cerca del ángulo, al 31′, sacándose la espina de una falla en los primeros minutos.

La ilusión también se alimentó de un “Tala” Rangel que respondió cuando fue exigido; de los sólidos Montes y Vásquez; de la imponente versión de un Erik Lira que se comió a Moisés Caicedo en el medio campo, y de un enorme Gilberto Mora que, asociado con Romo y Alvarado, mareó a un Piero Hincapié quien terminó expulsado.

El anhelo se mantuvo vivo en el segundo tiempo, cuando México, inteligente, se replegó, sin dar el mínimo espacio para la reacción de la escuadra sudamericana.

Tal vez a Ecuador le hizo mella el largo viaje desde Columbus o el escándalo que la afición armó afuera de su hotel de concentración, pero no tanto como el espíritu combativo de los muchachos del “Vasco”.

“¿Y si sí?”, coreó la tribuna, esa que abucheó al rival desde la primera jugada, que lanzó olés al minuto 5, que antes hizo retumbar el Estadio Ciudad de México con el Himno Nacional y también en los instantes finales con el “dale, dale, México” y el Cielito Lindo.

Los Mundiales de 1970 y 1986 dejaron como lección el altísimo costo de sacar al Tri del Azteca para los duelos de eliminación directa. Esta vez, el conjunto nacional cumplió a cabalidad con la ruta trazada para jugar el quinto partido en su terreno.

El paso perfecto y la portería en cero de la Fase de Grupos no fueron un espejismo por la debilidad de los oponentes. Frente a un cuadro mucho más fuerte, con futbolistas en los mejores clubes de Europa, la Selección Mexicana dio un golpe de autoridad y sigue soñando.

Salvo que República Democrática del Congo dé uno de los más grandes batacazos en la historia de los Mundiales, Inglaterra estará el próximo domingo en la Capital del País.