Parece que algunas veces la economía sube, después baja, pero después vuelve a subir para después volver a bajar; literalmente una montaña rusa con curvas que se toman a alta velocidad. Todo esto acompañado de aumentos en los precios, en las tasas de interés, cambios en la producción, en la inversión y en los empleos. Parece que entender todo esto es muy complicado, pero la realidad es distinta, pues todo esto está relacionado con las decisiones que tomamos las personas y las empresas todos los días.

El Banco Central de Suecia, a través de la Real Academia Sueca de Ciencias, otorgó a los estadounidenses Robert Hall y Michael Woodford el Premio Nobel de Economía por sus contribuciones a la ciencia económica, al estudiar cómo las decisiones de las personas y de las empresas influyen en la economía y cómo las políticas económicas pueden contribuir a estabilizarla.

Robert Hall, profesor de la Universidad de Stanford, ha investigado la manera en que las decisiones individuales de las familias ocasionan cambios en la macroeconomía, considerando las expectativas de sus ingresos. La lógica, ahora, parece muy sencilla, pues sus investigaciones señalaron que aquellas personas que esperan mayores ingresos gastan más, mientras que quienes esperan o ven alguna complicación futura consumen menos. Estudios que empezó a realizar desde 1982.

Por su parte, el maestro de la Universidad de Columbia, Michael Woodford, ha estudiado cómo las expectativas en las tasas de interés por parte de las empresas afectan los precios, explicando además el motivo por el cual los cambios en los precios no se presentan de manera inmediata.

Las investigaciones del macroeconomista, oriundo del estado de Massachusetts, en Estados Unidos, han señalado que cuando la comunicación por parte de las autoridades económicas y monetarias es clara, las empresas y los consumidores se ven influidos incluso antes de que se produzcan cambios en las políticas monetarias o económicas.

Es decir, que las empresas y los consumidores pueden cambiar de comportamiento incluso antes de que las tasas de interés cambien. Asimismo, esto nos recuerda que ninguna política económica funciona plenamente sin la confianza de los integrantes de la propia economía.

El Nobel de Economía 2026 nos deja una enseñanza que parece sencilla, pero resulta fundamental: la economía no se mueve únicamente por las decisiones de los gobiernos, sino también por millones de decisiones individuales.

Cada vez que una familia decide qué comprar, cuánto ahorrar o si puede asumir un crédito; cada vez que una empresa determina si invierte, contrata o espera, está participando en el rumbo económico.

La inflación, las tasas de interés y el empleo no son cifras lejanas: se reflejan en el precio del mandado, en la mensualidad de una vivienda y en las oportunidades de trabajo.

Entender la economía, entonces, no es un lujo académico, sino una herramienta para tomar mejores decisiones y exigir mejores políticas públicas.

Decía el maestro en Economía Juan Luis González Alcántara Carrancá: “Las mejores economistas son las amas de casa, pues ellas conocen y saben de economía sin haberla estudiado”.