Por Israel Reyes

La violencia en México ha dejado de ser una cifra fría en los informes oficiales. Se ha convertido en una herida abierta que sangra todos los días. Y en Teuchitlán, Jalisco, esa herida tomó forma de un campo de exterminio: el Rancho Izaguirre. Lo que se descubrió allí no es solo una evidencia del horror que nos rodea, sino una brutal confirmación de que la violencia se ha vuelto un sistema de control y exterminio operado por el crimen organizado.

El 5 de marzo de 2025, el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco, con el apoyo de las autoridades, descubrió en ese rancho un verdadero infierno. Hornos clandestinos con restos humanos calcinados, cientos de zapatos esparcidos, ropa quemada, piezas dentales. Un lugar destinado no solo a la ejecución, sino a la desaparición total de las víctimas. El mensaje es claro: el cártel responsable, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), no solo mata, sino que borra toda evidencia de sus crímenes.

Hace pocos días un comando armado y enmascarado, haciéndose representar por el CJNG con elocuente oratoria, se deslinda señalando las inconsistencias de lo que se les acusa como cártel. Haciendo entender que son las mismísimas autoridades las que operaron en dichas instalaciones. Enfatizando que ellos no son los responsables de estos horribles hallazgos ¿Cómo se les puede dar crédito siendo parte del crimen organizado? ¿Cómo es que hasta ahora no se ha dado un informe serio y con resultados para la sociedad?

Pero, ¿qué podemos hacer ante esta tragedia? La indignación no basta. Es necesario que la justicia social y la seguridad sean prioridad absoluta, no un tema de campaña. Existen medidas urgentes y factibles:

Depuración real de las fuerzas de seguridad: La conexión entre el crimen organizado y las corporaciones policíacas no es teoría de conspiración, es una realidad. Se requiere una purga profunda, con evaluaciones constantes y ciudadanización de la seguridad pública.

Fortalecimiento de las fiscalías estatales y federales: Sin investigación eficiente, no hay justicia. Se necesita dotar de presupuesto, tecnología y capacitación real a las fiscalías, con supervisión independiente para evitar corrupción.

Apoyo total a los colectivos de búsqueda: Son ellos quienes han sacado a la luz estos horrores. Se debe destinar presupuesto, protección y mecanismos oficiales para que puedan seguir con su labor sin temor.

Reforma integral del sistema de justicia: Se necesita una reestructuración del sistema penal para garantizar que los responsables no evadan la ley. Juicios rápidos, con perspectiva de derechos humanos y sin espacio para la impunidad.

Atacar la base económica del crimen: El CJNG y otros cárteles no sobreviven solo del narcotráfico, sino de la extorsión, la trata de personas y el lavado de dinero. Es imprescindible aplicar medidas de inteligencia financiera y confiscar bienes de manera efectiva.

El Rancho Izaguirre es una sólo una ventana al infierno que muchos mexicanos viven todos los días. No podemos permitirnos el lujo de la indiferencia. Es hora de transformar la rabia en acción, la impotencia en organización. La lucha contra el crimen no puede seguir siendo un eslogan vacío; debe ser una estrategia real, donde el Estado y la sociedad trabajen juntos para recuperar la paz.

Porque si nos quedamos callados, el siguiente campo de exterminio ya está en construcción. Y eso, no podemos permitirlo.