El Museo del Desierto dio a conocer el hallazgo de un nuevo género y especie de dinosaurio, denominado Xenovenator espinosai, nombrado en honor a Luis Espinosa, pionero en el estudio de dinosaurios en México. La presentación marca un hito para la paleontología nacional y amplía el entendimiento sobre la evolución de estas especies en el territorio mexicano.
Arturo González González, director del Museo, calificó el descubrimiento como un avance significativo. “Reúne la información que nos permite conocer más de un ecosistema que dejó de existir aquí hace 70 millones de años, pero que nos ayuda a entender cómo se configuran estas estructuras ecológicas”, afirmó.
La descripción formal del Xenovenator espinosai fue publicada en la revista científica internacional Diversity. El estudio se fundamenta en un endocráneo excepcionalmente bien preservado, recuperado en la Formación Cerro del Pueblo, una región que se extiende por diversos municipios del sureste de Coahuila. La investigación fue conducida por especialistas mexicanos en colaboración con científicos de otros países.
De acuerdo con el análisis paleontológico, se trata de un dinosaurio terópodo carnívoro y emplumado, que habitó la zona hace aproximadamente 74 millones de años, durante el Cretácico tardío. Se estima que medía alrededor de tres metros de longitud y que su dieta incluía pequeños mamíferos. Su cerebro, relativamente grande en proporción a su cuerpo, lo ubica dentro de los linajes más cercanos al origen evolutivo de las aves.

El doctor Héctor Rivera-Sylva explicó que el espécimen pertenece a la familia Troodontidae, un grupo de dinosaurios de tamaño pequeño a mediano conocidos por su agilidad y capacidades sensoriales avanzadas. “Los ojos eran grandes, lo que sugiere que vivía en condiciones de poca luz. Además, estaban dirigidos hacia el frente, característica de un cazador eficiente, probablemente nocturno”, detalló.
Rivera-Sylva agregó que los dientes aserrados, característicos de esta familia, confirman su rol como depredador de presas pequeñas, como lagartijas o pequeños mamíferos similares a los ratones.
El hallazgo refuerza el papel de Coahuila como una de las regiones más prolíficas en descubrimientos paleontológicos en México y contribuye de manera sustancial al entendimiento de los ecosistemas cretácicos del norte del país.



