Saltillo amaneció con una noticia que dejó a muchos habitantes del Sureste de Coahuila con el chiste atorado: llamar “chiriwillo” a quienes llegan del centro y sur del país podría convertirse en deporte extremo… porque ya es considerado discriminación y hasta delito.

Patricia Yeverino, titular de la Dirección para Prevenir la Discriminación en Coahuila, advirtió que el famoso término, tan arraigado en conversaciones, chistes locales y hasta en pláticas de banqueta, no solo es ofensivo, sino que carga una buena dosis de veneno social. En pocas palabras: no es apodo, es discriminación, y puede traer consecuencias que van desde multas hasta una posible visita al juez. Todo por un “chiriwillo” mal dicho.

La funcionaria explicó que cada vez llega más gente del centro y sur del país a Coahuila, impulsada por la búsqueda de empleo, seguridad y mejores oportunidades. Familias que vienen huyendo de pobreza o violencia… y se encuentran con que aquí los reciben con un apodo que, aunque suena simpático, lastima, excluye y no aporta nada más que prejuicios.

“Las palabras también pegan”, recordó Yeverino, quien lamentó que muchos recién llegados hayan tenido que lidiar con miradas torcidas, comentarios incómodos y el ya tradicional bautizo involuntario como “chiriwillo”. Aclaró que la burla no construye comunidad y que migrar en busca de una vida mejor no debería ser motivo para convertir a alguien en remate de chiste.

Así que ya lo sabe, amable lector: si su comadre, su vecino o su compañero de trabajo viene de otro estado, mejor cámbiele el apodo por “amigo”, “compañero” o “paisano”. Porque, además de ser más decente, le evitará dolores de cabeza legales. En Saltillo y en la región sureste, por lo pronto, el famoso “chiriwillo” acaba de pasar de ser chascarrillo a ser un problema.

Y recuerde: la discriminación divide… pero evitarla no cuesta ni un peso. Y tampoco da multas.