La inflación en México alcanzó 3.92% anual en febrero de 2026, según datos del INEGI. Aunque la cifra parece moderada frente a crisis pasadas, lo preocupante es la tendencia: tres quincenas consecutivas de aceleración que reflejan presiones persistentes en alimentos y servicios.

Más que un número

La inflación no es solo un indicador técnico. Es el termómetro del bolsillo cotidiano: el precio del tomate, la papa o el limón que sube sin freno. Para millones de familias, ese 3.92% significa que el salario rinde menos, que el mercado semanal se encarece y que la esperanza de una recuperación económica se diluye.

El reto para el gobierno y Banxico

El Banco de México mantiene como meta una inflación cercana al 3%, pero la realidad se aleja de ese objetivo. La inflación subyacente, en 4.52%, revela que el problema no es coyuntural, sino estructural. El gobierno presume estabilidad macroeconómica, pero la persistencia de aumentos en productos básicos cuestiona la eficacia de sus políticas de control de precios y apoyo al campo.

Una advertencia para el futuro

La aceleración inflacionaria es una llamada de atención: si no se toman medidas contundentes, el país podría enfrentar un escenario de estancamiento con pérdida de poder adquisitivo. La economía mexicana necesita más que discursos; requiere inversión en producción agrícola, infraestructura y políticas que protejan a los sectores más vulnerables.