Julio César Chávez Jr., mejor conocido como “el hijo de la leyenda” (y cada vez menos por sus peleas en el cuadrilátero), cambió este lunes los reflectores del boxeo por los focos fluorescentes de la Jefatura de la Policía Federal Ministerial en Hermosillo.
El reloj marcaba las 11:53 cuando la Fiscalía General de la República decidió que ya era hora de bajarle la guardia al Junior y trasladarlo desde la garita Dennis DeConcini, en Nogales, hasta los separos del Ministerio Público federal. Ahí llegó con un outfit digno de la sección “detenidos con estilo”: pants y sudadera negros, playera blanca y unos llamativos tenis rojos, porque aunque lo detengan, el fashion nunca descansa.
No es la primera vez que Chávez Carrasco cambia el cuadrilátero por un escándalo. Apenas en julio fue detenido en Studio City, California, bajo la sospecha de estar en la nómina de “Los Chapitos”. Según autoridades de Estados Unidos, formaba parte de una célula de tráfico de armas que operaba en Nogales desde 2018. Eso sí, su aportación no era estratégica ni financiera, sino “boxística”: presuntamente usaba a miembros del Cártel de Sinaloa como costales humanos cuando se equivocaban en la operación. Una especie de sparring clandestino que, para desgracia de los implicados, no incluía guantes ni campanazo de descanso.
La historia viene de lejos. En 2019, ICE y HSI en Estados Unidos señalaron a este grupo, y desde entonces las autoridades mexicanas intervinieron teléfonos, conversaciones y, aparentemente, la reputación del Junior. El resultado: en enero de 2023 un juez federal liberó 13 órdenes de aprehensión, y entre ellas, la suya.
Así, el hijo del gran Julio César Chávez vuelve a los titulares, aunque no precisamente por levantar un campeonato, sino por acumular más capítulos en esa saga que mezcla box, narco y reality show.
El público, como siempre, expectante: ¿será esta la pelea que por fin lo retire de los escándalos, o apenas el primer round de un combate legal que promete extenderse a 12 asaltos?



