La mayoría de las ciudades mexicanas enfrentan actualmente un problema común: el caos vial, el insuficiente e ineficiente transporte público y la cultura vial, que, dicho de paso, deja mucho que desear. En este supuesto se encuentran (y muy posible se encontrarán en un futuro inmediato) todas las ciudades en expansión que han crecido sin una planeación real, tanto en movilidad como territorialmente, lo que a diario genera embotellamientos, contaminación y pérdida de tiempo para miles de personas.
La clave no sólo es hacer más calles o puentes, para lo cual difícilmente se encontraría espacio público disponible, sino transformar la forma en que nos movemos. Ciudades como Bogotá, Medellín, Copenhague y Singapur han demostrado que sí se puede mejorar la movilidad sin depender exclusivamente del automóvil. ¿Cómo lo han hecho? Combinando un transporte eficiente, infraestructura moderna, regulación inteligente y un cambio en la cultura vial.
En primer lugar, las ciudades necesitan un transporte público que funcione, no que estorbe. Una buena opción es el llamado sistema de Buses de Tránsito Rápido con carriles exclusivos, como el Metrobús de Ciudad de México, con estaciones seguras e iluminadas y unidades cómodas que inviten a usarlas, para, con ello, reducir el tráfico y hacer que el transporte público sea una opción real. Bogotá lo logró con el TransMilenio, y Medellín integró metro, autobuses y metrocables en un sólo sistema con tarifas unificadas. Si tenemos una alternativa confiable y económica, dejaremos el carro en casa.
En segundo lugar, es importante promover la cultura vial hacia la convivencia urbana. El tráfico, como todo lo que nos traspasa, es un reflejo de nuestra cultura: la falta de paciencia, el individualismo y la poca conciencia del bien común son algunos factores que se observan en nuestras calles. Para mejorar esta situación, necesitamos educación vial desde la escuela, campañas en redes sociales y sanciones efectivas para quienes manejan sin respeto. También es clave humanizar la movilidad con zonas de tráfico calmado, cruces seguros y ciclovías bien planeadas y continuas.
Por otra parte, es indispensable pensar en la movilidad sustentable, con la que se emita menos humo y se propicie la salud (en las arterias corporales y viales). La contaminación en nuestras localidades no sólo afecta al medio ambiente, sino también la calidad de vida. Ciudades como Copenhague demostraron que priorizar el uso de bicicletas y el transporte público reduce emisiones y mejora la salud de la población. ¿Por qué no incentivar el uso de bicicletas públicas, autobuses eléctricos o trolebuses en nuestras ciudades?
En cuarto lugar, urge la implementación de tecnología para un tráfico más inteligente. En Singapur se aplica un cobro por congestión para regular el tráfico en zonas críticas, y muchas ciudades han implementado sistemas de semáforos inteligentes que ajustan los tiempos según la demanda. La tecnología también ayuda a optimizar el transporte público con aplicaciones que informan en tiempo real sobre rutas y tiempos de espera.
Y porque no hay quinto malo, es importante considerar la regulación y el control: las reglas deben aplicarse, no basta con poner señales de tránsito si nadie las respeta. Es necesario mejorar la vigilancia, aplicar multas efectivas y regular el estacionamiento en zonas con alta demanda. En ciudades como las nuestras, el problema no es la falta de leyes, sino la falta de cumplimiento y la transparencia en el uso de los recursos recolectados.
Para concluir, lo más importante es planear ciudades para las personas, no sólo para los autos. Si queremos espacios públicos más ordenados, seguros y ágiles, hay que dejar de pensar sólo en coches y empezar a diseñar soluciones para todos los que se mueven en la localidad. Un sistema de transporte eficiente, infraestructura moderna, educación vial y el uso de tecnología pueden hacer la diferencia. No es cuestión de esperar a que el tráfico colapse por completo, sino de actuar ahora para transformar nuestras ciudades en lugares más humanos y funcionales.
¿Qué ciudad será la primera en dar el paso?



