“La locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes.” – Einstein
Y ahora, como si no tuviéramos suficiente con empaparnos en julio, también tenemos el Festival Internacional de las Artes, o FINA, para los amigos. ¡Una cartelera espectacular en los lugares más icónicos de Saltillo! Todo listo para ser un evento de primer nivel… excepto por el pequeño detalle de que se celebra en el mes en que el cielo decide vaciarse sobre nosotros. ¿Por qué en julio, me preguntan? “Es por el aniversario de la ciudad”, dirán los optimistas. Spoiler: Saltillo no tiene acta de fundación, así que festejamos el 25 de julio porque, ¿por qué no?, es el día de Santiago, el santo que ayudó a los españoles a pelear contra los moros. Pero tranquilos, de eso hablaremos en el próximo video.
Julio es el mes oficial de las lluvias. Tan oficial que tenemos una frase digna de camiseta: “Ahí viene la feria, ahí vienen las lluvias”. ¡Es como un combo dos por uno! Pero, ¿saben qué? No siempre fuimos tan masoquistas. Allá por el siglo XVII, cuando los reyes españoles mandaban desde el otro lado del charco, la Feria de Saltillo era la sensación del norte de la Nueva España (sí, esa que llegaba hasta Texas). No lo digo yo, lo dice Don Vito Alessio Robles.
Comerciantes de Nuevo México, Asia y Europa venían a Saltillo con sus bordados de Flandes, porcelanas chinas, cacharros de Jalisco, ganado y, sí, hasta esclavos. ¿Y adivinen cuándo se armaba esta pachanga? ¡En octubre! ¿Por qué? Porque en julio llovía, y al parecer nuestros antepasados tenían un poco más de sentido común que nosotros. La feria era una fiesta total: danzas, juegos de azar, corridas de toros improvisadas y comida local para todos los gustos.
Todo iba bien hasta que, en octubre de 1810, unos arrieros de Guanajuato llegaron con la noticia bomba: Miguel Hidalgo y su revolución estaban en marcha. De ahí en adelante, las guerras del siglo XIX le dieron un golpe mortal al esplendor de la feria. Luego llegó el ferrocarril, trayendo mercancías todo el año, y la feria dejó de ser el evento épico que todos esperaban. Adiós, glamour colonial; hola, comercio cotidiano.

En el siglo XX, la Feria de Saltillo se reinventó como un espectáculo de entretenimiento y cultura. En los años 30, se instaló en la Alameda, luego en el Instituto Tecnológico de Saltillo (quizas por eso hace poco armaron un “fieston” aqui). Después, la feria se mudó a la Ciudad Deportiva, donde en 1967 ocurrió una tragedia, cuatro voladores de Papantla subieron a un mástil de 31 metros para su ritual, al momento de lanzarse las cuerdas se rompierton. Tres murieron, uno quedó parapléjico, y el caporal mudo y sin aliento, reflejaba la tristeza en su rostro. La feria y sus habitantes se enlutaron y rindieron homenaje a los hijos de Papantla.
En 1987, el entonces gobernador José de las Fuentes decidió que la feria merecía un lugar digno creando las instalaciones que conocemos actualmente. ¡Espacio para todo! Exposiciones comerciales, agrícolas, ganaderas, artesanales, culturales, juegos mecánicos, un Teatro del Pueblo y hasta su palenque.
Con toda esta historia de cambios de fecha y lugar, ¿no creen que es hora de darle un nuevo enfoque a nuestra querida feria? Los comerciantes, quienes montan sus puestos bajo la lluvia e invierten sus ahorros apostando por esta fiesta histórica, lo merecen. Porque, si somos honestos, esta celebración nació gracias a ellos, los saltillenses que hace siglos impulsaban el comercio con gran esfuerzo.
A los organizadores del FINA, un reconocimiento: están creando un evento extraordinario. Sin embargo, les pedimos considerar una fecha que permita disfrutar plenamente y otorgar el trato de primer nivel que merecen las presentaciones que se están realizando.
Nos vemos en el próximo texto y video para hablar del aniversario de Saltillo, su no-tan-clara fundación y un poco de historia. ¡Buena semana! Y, si las lluvias no los ahogan, vayan a la feria o al FINA. Los organizadores y comerciantes han sudado la gota gorda (y no solo por el calor). Apóyenlos, que un paraguas y buena actitud hacen milagros.



