El huachicol ya no es ese trago que con los compas nos echamos para ver un juego de fut o lo que intermedia en una buena carnita asada. Ya no solo es la acción y efecto de robar combustible a los ductos de Pemex, ahora resulta que tenemos en boga una nueva modalidad: el huachicol fiscal.
El huachicol fiscal es una forma sofisticada de contrabando de combustibles que implica la evasión de impuestos mediante el uso de documentación falsa y maniobras aduaneras. A diferencia del huachicol tradicional —que consiste en el robo directo de gasolina desde ductos de Pemex— el huachicol fiscal opera dentro de la aparente legalidad, pero con trampas bien calculadas. Aquí te lo explico:
¿Cómo funciona?
• Se importa gasolina o diésel desde Estados Unidos, pero se declara como lubricante, aditivo o aceite automotriz, productos que no pagan el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) ni IVA.
• Una vez en México, ese combustible se vende como si fuera legal, pero a precios más bajos, generando ganancias millonarias para quienes lo comercializan.
¿Por qué es grave?
• El SAT estima que más de 66 millones de barriles de combustible ingresaron ilegalmente en un solo año.
• En 2024, el gobierno dejó de recaudar más de 177 mil millones de pesos por IEPS e IVA debido a esta práctica.
• Se calcula que hasta uno de cada cuatro vehículos en México podría estar usando combustible de contrabando.
¿Quién está detrás?
• Redes criminales como el CJNG y el Cártel de Sinaloa están involucradas, junto con funcionarios corruptos y empresas fachada.
• El esquema requiere complicidad en aduanas, puertos, bancos y estaciones de servicio.
¿Y el gobierno?
• Aunque se han realizado decomisos históricos, como el de 10 millones de litros en Altamira y Ensenada, las investigaciones avanzan lentamente.
• La presidenta Claudia Sheinbaum ha prometido que no se protegerá a nadie, pero aún no hay responsables detenidos de alto perfil.
Como dato curioso
En algunos casos, los barcos que llegan a México con “aditivos” en realidad transportan diésel, y los registros en EE.UU. lo confirman. Es como si el crimen organizado hubiera aprendido a disfrazar gasolina con atuendo de oficina.



