La captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores en la operación militar estadounidense “Absolute Resolve” el 3 de enero de 2026 ha desatado una ola de especulaciones sobre una posible traición interna. El propio hijo del exmandatario, Nicolás Maduro Guerra (“Nicolasito”), lo insinuó claramente en un mensaje difundido horas después: pidió unidad en el chavismo, evitar “sembrar dudas” y advirtió que “la historia dirá quiénes son los traidores”. Sus palabras no parecen casuales en un régimen donde las purgas por deslealtad han sido recurrentes.
La operación fue quirúrgica: fuerzas élite estadounidenses (Delta Force) irrumpieron en la residencia fortificada de Maduro en Fuerte Tiuna, Caracas, lo capturaron mientras dormía y lo extrajeron sin bajas propias, tras bombardeos previos para neutralizar defensas. Fuentes como The New York Times y CNN confirman que la CIA contó con un “informante de alto rango” dentro del gobierno venezolano, combinado con drones stealth y un equipo clandestino en terreno desde agosto de 2025. Esta fuente humana proporcionó detalles precisos sobre movimientos, rutinas y ubicaciones, incluyendo el intento fallido de Maduro de refugiarse en un búnker reforzado con acero (al que Trump aludió diciendo que “quiso entrar, pero no pudo”).
Estados Unidos ofrecía hasta 50 millones de dólares por información que llevara a su arresto (aumentado en agosto de 2025 tras designar al Cartel de los Soles como organización terrorista). Pero, como se pregunta en círculos opositores y analistas, ¿valió la pena el dinero si a cambio se ofreció inmunidad o protección a un pez gordo del régimen?
Las sospechas recaen en tres figuras clave del círculo íntimo:
- Diosdado Cabello: El “número dos” del chavismo, ministro del Interior y hombre fuerte de las fuerzas coercitivas. Fue uno de los primeros en aparecer públicamente tras la captura, en un video rodeado de policías llamando a la calma y condenando la “traición”. En regímenes autoritarios, quien se muestra primero y más firme suele ser sospechoso de haber negociado su supervivencia. Cabello tiene su propia recompensa estadounidense (hasta 25 millones) y un poder paralelo al de Maduro. Su rápida visibilidad contrasta con el silencio inicial de otros.
- Vladimir Padrino López: Ministro de Defensa y jefe de la Fuerza Armada, responsable directo de la seguridad nacional. Es llamativo que no se activara una respuesta efectiva ante la violación del espacio aéreo: helicópteros y aviones estadounidenses tuvieron al menos 15-20 minutos de margen sin interferencia significativa. ¿Por qué no le avisó a Maduro “Ya entraron los gringos”? Tiempo con el que Maduro hubiera llegado a su búnker protegido por la FANB, pero no lo logró. Padrino apareció después denunciando la “agresión”, pero sin mencionar explícitamente la captura en sus primeras declaraciones. Con una recompensa de 15 millones sobre su cabeza, ¿pudo haber optado por la pasividad a cambio de inmunidad? Su lealtad siempre fue clave para Maduro, pero la inacción plantea dudas.
- El clan Rodríguez (Delcy y Jorge): La vicepresidenta Delcy Rodríguez asumió rápidamente como presidenta interina, respaldada por una decisión express del Tribunal Supremo chavista. Su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional, completa el dúo. Analistas señalan que la caída de Maduro “les cayó como anillo al dedo”: ahora controlan el Ejecutivo y el Legislativo sin el peso del líder máximo. Delcy apareció en TV afirmando que Maduro sigue siendo el único presidente, pero luego suavizó el tono hacia Washington, abriendo posibilidad de diálogo. ¿Negociaron ellos la entrega a cambio de mantenerse en el poder?
Los 50 millones pudieron tentar a alguien, pero la inmunidad —evitar juicios en EE.UU. por narcotráfico y corrupción— vale más para estos personajes, todos con indictments pendientes. La historia del chavismo está llena de “traidores” señalados por Maduro: Rafael Ramírez, Tareck El Aissami, Hugo Carvajal. Ahora, el dedo apunta hacia adentro.
Mientras Maduro enfrenta cargos en Nueva York y Trump anuncia que EE.UU. “gestionará” Venezuela temporalmente, el régimen se tambalea. La frase de “Nicolasito” resuena: la historia dirá quiénes fueron los traidores. Pero las sospechas ya están sobre la mesa, y el chavismo podría fracturarse antes de que el polvo se asiente en Caracas.
¿Sobrevivirá el chavismo sin Maduro? El tiempo —y quizás las delaciones— lo dirá.
Tres puntos y aparte
1) ¿No quiere creer que hay un traidor? Pregúntenle al Mayo Zambada cómo en una operación más digna de una serie de Netflix de Narcos nueva temporada lo entregaron en charola de plata.
2) Y cómo sus antiguos compadres y aliados son los testigos más fuertes en su caso.
3) Es posible que en la siguiente temporada de este thriller político veamos al traidor en el estrado frente a Maduro y que la inmunidad haya valido más que los 50 millones de dólares.









