Hace años, el diario Vanguardia ostentaba el título del periódico más importante de Saltillo. Hoy, parece haber caído en el peldaño más bajo de la comunicación: la desinformación y la manipulación. Como bien señala “El Judas de Vanguardia”, parece que el coraje acumulado tras sucesivas derrotas judiciales ha empujado al medio hacia un abismo de falsedades.
El caso más reciente es alarmante. La ONU publicó un informe sobre las desapariciones en México con críticas severas hacia el actual Gobierno Federal, críticas que incluso la Presidenta Claudia Sheinbaum y la Cancillería han tenido que abordar.
Sin embargo, el informe es institucional y general; en ningún momento hace alusión directa a nombres de políticos o exgobernadores específicos.
Por ello, resulta desconcertante ver a ciertos personajes de Morena sumarse como “chayoteros” de una narrativa inventada por Vanguardia.

En un afán de proyectar sus rencores personales, el diario decidió “crear” menciones que el informe original no contiene, intentando involucrar a los exgobernadores Humberto Moreira, Jorge Torres y Rubén Moreira.
Esta manipulación de la información para fines privados tiene un costo. En una era donde el monopolio de la “verdad” ya no les pertenece, las acciones tienen consecuencias legales. Es de conocimiento público que se prepara una demanda robusta contra la Compañía Editora Coahuilense y sus socios (Armando Castilla, las hermanas Castilla Galindo y Diana Galindo). Este proceso promete ser largo y llevar a cada uno ante los tribunales, sumándose al antecedente de las disculpas públicas que otros comunicadores como Pedro Ferriz han tenido que ofrecer tras perder juicios similares.
La crisis de gestión en el diario es evidente. Mientras columnistas como Orestes buscaban acuerdos de disculpa para frenar litigios, mismas que no serán aceptadas continuando el juicio.
Las acciones legales que están en la mesa afectarán a Carlos y todos los opinologos que estuvieron tras la portada llevando ante tribunales a Gustavo y compañía.
Los juicios seguirán su curso el tiempo que sea necesario.
Armando Castilla parece no medir ni razonar las implicaciones de sus portadas difamatorias. Como bien citó el periodista Soriano: “Humberto no está manco”. Los problemas legales para el medio solo aumentan y, parafraseando de nuevo al “Judas”, queda claro que la administración actual de Diana y Armando no es ni la sombra de lo que alguna vez fue el legado de su padre.



