Saltillo, Coahuila.— La muerte de Héctor Antonio Sánchez Elizondo, conocido como “Papón”, dentro de la clínica de rehabilitación GAIA ha desatado un proceso legal y un fuerte cuestionamiento social. La familia acusa de negligencia, pues aseguran que se encontraba alcoholizado al momento de su suicidio, dentro del centro que debía protegerlo.
Los hechos ocurrieron el 22 de julio de 2026 en la Clínica GAIA, en la colonia San José de los Cerritos.
El paciente fue hallado sin vida en las instalaciones. La familia afirma que tenía acceso a alcohol pese a estar internado y bajo cuidados para evitar la recaída.
Natalia Verduzco, hija del fallecido, responsabilizó públicamente a la clínica por falta de supervisión y protocolos adecuados. Señaló que su padre padecía alcoholismo y depresión no diagnosticada, y que el centro ofreció un “plan integral de recuperación” que no cumplió.
La familia interpuso una denuncia formal contra GAIA, buscando esclarecer cómo un paciente pudo consumir alcohol dentro de un espacio supuestamente controlado.
Héctor Antonio estuvo internado entre marzo y junio, con una recaída inmediata tras salir. Fue reingresado en julio; el 16 de ese mes, terapeutas informaron que estaba “mejorando”. Seis días después ocurrió el suicidio. La Fiscalía General del Estado tomó conocimiento y trasladó el cuerpo al Servicio Médico Forense.
El caso abre un debate sobre la responsabilidad legal de clínicas privadas y la necesidad de protocolos más estrictos en el manejo de pacientes con trastornos duales (adicción + depresión).
La muerte de “Papón” ha generado indignación en Saltillo y pone en la mira la regulación de los centros contra las adicciones en Coahuila.
La familia busca que su denuncia sirva como precedente para evitar más muertes en instituciones privadas de salud. El caso se suma a otros episodios de negligencia en Saltillo, lo que refuerza la exigencia de mayor supervisión estatal.
La tragedia de Héctor Antonio Verduzco no solo expone la fragilidad de los sistemas de rehabilitación privados, sino también la urgencia de un debate público sobre la salud mental y adicciones en México.
Papón no murió solo, lo mató la negligencia.


